UN HAMBRE FUERA DE SERIE| Servando Clemens

UN HAMBRE FUERA DE SERIE

Servando Clemens

(México)

Yoseth, luego de librar tremendas batallas y quedar sin dinero y seriamente lesionado de la espalda, retornó a su natal pueblo. El alicaído guerrero, marchaba por las polvorientas calles buscando alojamiento y algo para comer y beber.

En su andar, arrastraba su espada sin empuñadura por aquellos suelos áridos y entristecidos. Tras caminar por dos horas sin rumbo fijo, decidió detenerse en el bar de Teyler. Al entrar revisó su fardo y sólo encontró dos monedas de cobre y una rata disecada. Resignado, encogió los hombros y se adentró al decaído lugar.

El viejo Teyler limpiaba la barra con un trapo mugroso mientras se lamentaba por la falta de clientes y de buena suerte.

—Hola —saludó Yoseth—, veo que tu taberna sigue igual de hermosa que hace veinte años. Este recinto es una reliquia y tú te ves joven aún.

—Hace tanto tiempo que no te veía —dijo Teyler con desgano—. Te ves cansado, amigo. No necesitas adularme, sé que estoy arruinado al igual que tú.

Yoseth fue hasta uno de los bancos, se apoltronó, dejó caer la espada encima de la barra y dijo:

—Las viejas glorias se acabaron desde que se inventaron las armas de fuego, la gente ya no necesita a un valeroso guerrero que los salve de los monstruos.

—Los tiempos han cambiado —dijo Teyler—, debes adaptarte al presente, tan sólo mira tus menguados músculos. Creo que ya no tienes por qué luchar más. Retírate o dedícate a otra cosa.

Yoseth colocó las dos monedas cerca de Teyler, se rascó la barba canosa y le ordenó:

—Dame un buen trozo de carne de jabalí y un jarro de aguamiel. —Miró el techo disimuladamente—. ¡Qué hambre tengo, hermanito!

—Eso no te alcanza ni para un vaso de agua, lo siento mucho, de verdad.

—Por los viejos tiempos, amigo mío —suplicó Yoseth—. Mañana mismo consigo un trabajo y después te pago con intereses.

—Perdóname, de verdad —musitó Teyler, negando con la cabeza—, por fiar a los clientes el negocio se fue al hoyo. Mejor búscate un empleo en la mina, están solicitando obreros.

—Te doy mi espada, o dame un trabajo, de lo que sea, quizás de “saca borrachos”… o puedo limpiar el lugar.

—No te necesito, camarada. No tengo para pagarle a un ayudante, además tu espada ya no vale nada y hace años que no tengo problemas por aquí. Los engendros ya no vienen al pueblo…, supongo que ahora únicamente habitan en los cuentos fantásticos.

Yoseth caminó hasta la puerta, triste y apenado, pero en ese momento, entró un gnomo enorme de cuatro brazos, corrió hasta la barra con gran rapidez, sujetó de los largos cabellos a Teyler, le colocó una daga en la yugular y le gritó:

—Dame todas las monedas de la caja o te rebano el cuello, hijo de la gran puta.

—No me haga daño, por todos los Dioses —suplicó Teyler—, el dinero que hay en la caja es para que mis hijos coman, estoy en la quiebra.

Yoseth esbozó una sonrisa de oreja a oreja, tomó su espada como si fuera una lanza y la arrojó con potencia y atravesó el cráneo del horrendo nomo. El monstruo cayó al suelo sin vida.

—¡Gracias, muchas gracias por salvarme el pellejo! —dijo Teyler, limpiándose la sangre y los sesos de la cara—. No sé cómo pagarte por tu valentía.

—¡Sírveme un tarro de cerveza bien fría! —ordenó Yoseth—, ¡luego pones en el asador a este gnomo mutante y lo preparas con patatas… tengo un hambre bestial!

Monstruos mutantes
Un microrrelato de Fantasía Heroica del escritor mexicano Servando Clemens ✍
Dentro del Reto CREATIVARTE #8

Mayo, 2021🌠

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