NO SOY SAMSA | Oscar Dario Sanguinetti

NO SOY SAMSA

Oscar Dario Sanguinetti

(Venezuela)

Me desperté creyendo que era Gregorio Samsa. En el sueño del que despertaba, me convertía en un monstruoso insecto. Cuando intenté levantarme de la cama mi cuerpo no respondía.

Sentía los pies y las palmas de las manos adormecidas, las piernas rígidas y entumecidas, también un intenso hormigueo en todo mi cuerpo.

Hice de nuevo el intento de levantarme, pero un abrazo intenso sobre mi abdomen lo impedía. Sentía que una extraña fuerza me sujetaba a la cama.

La habitación estaba oscura, solo un hilillo de luz se colaba por la parte inferior de la puerta y la baja temperatura del ambiente llegaba hasta mis huesos.De pronto la puerta se abrió y la claridad que penetraba, alumbró la mano que tanteaba la pared para dar con el interruptor de la luz.

—Buenos días señor Gregorio ¿cómo se siente? —Saludó una mujer vestida de blanco, que utilizaba máscara quirúrgica, gorro, guantes, y traía una bandeja de aluminio en sus manos.

—Muy mal —respondí balbuceando —. ¿Qué hago en este lugar? no lo recuerdo.

—Mucho mejor que no lo recuerde señor Gregorio, porque todo ya está pasando —dijo con tono consolar—. Ahora prepárese que lo voy a inyectar.

Cerré los ojos mientras la mujer tomaba mi brazo y por vía intravenosa me aplicaba la dosis. Me quedé adormitado y quise saltar al pasado.

«Voy a recordar» pensé, si lo intento podré recordar que hago en este lugar.

Haciendo el esfuerzo, me vi acostado de espalda con un duro caparazón, mi vientre era convexo y oscuro, surcado por callosidades curvas. Vi también, que tenía muchas patas muy delgadas si las comparaba con las mías, las que se movían sin parar.

Abrí los ojos para mirar alrededor, no había ventanas para saber si estaba nublado y continuaba lloviendo, y en la pared, tampoco estaba la estampa de la mujer erguida con el gorro y la estola de pieles del sueño.

—En el último análisis que se le realizó señor Gregorio, el coronavirus ya cedió, pronto podrá continuar vendiendo paños.

Catorce días después, «está curado señor Gregorio, puede marcharse a casa», me dijo con voz cándida la enfermera de las inyecciones. Tomé mis pertenencias y salí caminando con pesadez corporal.

Casi me desmayo cuando observé que, en las afueras, una larga fila de escarabajos aguardaba para ingresar al lugar. Pude descubrir, que fui solo el primero y la pandemia apenas comenzaba.

Metamorfosis insecta
Un cuento extraño del escritor venezolano Oscar Dario Sanguinetti✍
Un texto seleccionado para el Reto CREATIVARTE #7 "PADECIMIENTOS EXTRAÑOS"👾

Marzo, 2021🛰

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