Vueltas de Tiempo y Espacio| AJEDSUS

VUELTAS EN TIEMPO Y ESPACIO

Ajedsus Balcázar Padilla

Lapsus I


Jesús era un buen chico, me ayudaba en varias ocasiones a calcular los balances en la clase de Financiamiento Público.
Tenía mucho tiempo que me empezaba a gustar. Él pasaba la mayor parte del tiempo conmigo y aunque formaba parte del equipo de futbol de la facultad, siempre guardaba un poco de espacio para mí.
En varias ocasiones habíamos salido, el solo que me agarrara la mano y sentir un abrazo suyo me hacía sentir protegida.
Un día pasamos toda la tarde cerca de un lago que estaba a la salida del pueblo. Jesús había llevado su caña de pescar y me enseñaba con ánimos a capturar algún pez.
La tarde se volvía fresca y él colocó su chamarra encima de mí. Sonreímos y nos dimos un largo beso.
Me sentía muy feliz a su lado.
Aunque él mantenía amistad con muchas personas, Jesús sabía darme mi lugar y yo le correspondía de igual manera.

Lapsus II


Lo esperé afuera del bar, ya eran las ocho de la noche y ya debería llegar.
Se asomó a bordo de su motocicleta a dos calles abajo del local. Traía su cabello largo y una playera negra, junto a su chaqueta de cuero que siempre llevaba consigo.
Si bien los días eran muy atareados en la universidad, en ocasiones nos escapábamos para disfrutar un rato cerca del uno y del otro.
Yo estudiaba en una escuela privada y él trabajaba , ambos pasábamos muy buenos momentos al salir.
Aunque él era muy callado y acostumbraba a pasar el tiempo sólo, tener momentos juntos le alegraba demasiado. Para él, yo era su secreto más preciado. Pues solo yo sabía su lado romántico. Además de tener una apariencia fría, para mí era una persona muy cálida.
Escuchamos buenas canciones de rock en el bar, una banda local había tocado y su interpretación había sido buena.
Tomamos unas cervezas y algo de botana. Él fumaba por ratos y me hacía reír con sus ocurrencias. Me sentía muy feliz con él, sabía que podía comportarme de forma plena a su lado sin reproches.
Al salir Jesús me sorprendió dándome muchos besos. Nos quedamos en la esquina oscura demostrando nuestro deseo.


Lapsus III


Eduardo siempre usaba ropa colorida combinaban con los vestidos que yo usaba casualmente.
Después de unos días, él me llevó un arreglo floral y un bonito poema dentro del obsequio. Me sentía muy feliz y deseaba demostrarlo.
Juntos salimos en la tarde de la universidad y él me invitó a su cuarto. Tenía poco tiempo dónde él se había separado de sus padres y acostumbrábamos pasar tiempo en su departamento viendo series y haciendo a tarea y …
Desde que fuimos en el colectivo, nos dimos muchos besos, no había minuto que no resistiera tener el sabor de sus labios en mí.
Eduardo siempre acariciaba mi cabello y me daba besos en el cuello… ¡eso me volvía loca!
Aquella tarde fría llegamos a su cuarto con el corazón envuelto de fuego. Nos desvestimos y juntamos nuestros cuerpos , poco a poco nos consumimos al hacer el amor…


Lapsus IV


No resistimos más , nuestra piel quemaba y nuestros labios palpitaban.
Nos dirigimos a un pequeño motel que quedaba muy cerca del bar y pedimos un cuarto.
Fuimos llevados por el momento y él me desvistió con lujuria. Me encantaba como me miraba, yo era suya y él lo sabía muy bien.
Me tumbó en la cama y me besó todo mi cuerpo hasta llegar a mis piernas. Fue en ese preciso momento en donde sentí su respiración cerca de mi vagina húmeda y la empezó a lamer poco a poco, metía su lengua adentro y humedecía mi clítoris con besos, podía sentirme elevarme por los cielos.
Hasta que se levantó y me agarró a besos, mientras me penetraba con fuerza. Mis gemidos eran tan fuertes que debían de escucharse en todo el lugar. Al final de cuentas era la manera de firmar nuestros votos de amor.


Lapsus V


Cada tarde dábamos un paseo por la ciudad. Lo habíamos hecho costumbre , siempre era al regresar de trabajar.
Pasábamos a comprar cena y llevábamos unos dulces para nuestros hijos.
Si bien en ocasiones Eduardo se mantenía callado, siempre me demostraba su cariño regalándome rosas y dedicándome bonitas canciones por las mañanas.
Entendía que el trabajo era pesado y yo debía comprenderle como esposa.
En ocasiones él cocinaba y mi niña cuidaba al bebé Matías mientras yo preparaba la bebida.
En un matrimonio saludable, nos ayudábamos mutuamente.
Por las noches él tocaba canciones que componía en guitarra y nos metíamos a dormir hasta que el bebé se dormía en mis brazos, arrollado por melodías.
Lapsus VI
Cierta ocasión mi esposa me habló que nuestro encuentro y unión no había sido ocasional. Siempre existió una breve sensación de extrañeza y emoción.
Ella sentía que ya me conocía y que posiblemente en otros planos nos habríamos encontrado. Tal vez ella tendría la razón.
Tal vez el tiempo y las realidades darían giros alocados para volvernos a juntar. Cada realidad con pequeñas diferencias. Pero adecuadas para gestar nuestro cariño y amor en un frenesí de vueltas en el espacio y tiempo.

Lapsus VII


Berenice me resultaba una chica misteriosa y con una mirada penetrante. Desde que la vi me llamó la atención y poco a poco busqué la manera de coincidir nuestros pasos. Ella era un poco más pequeña que yo, pero me encantaba cuando se ponía de puntillas para lograr regalarme un beso.
Las largas tardes junto a ella, siempre eran interesantes. Podíamos hablar y hablar sobre temas muy especiales, algo que en lo intelectual, me agradaba mucho. Siempre poseía un alegría en su voz en las cosas de la que hablaba. Entusiasmo que me contagiaba y me subía el ánimo.
Cada día la esperaba al salir de clases. Su sonrisa hacia que mis días tuvieran sentido y más al probar sus labios con nuestros profundos besos que nos transportaban muy lejos.
Aquella vez, habíamos salido a dar un largo paseo. Siempre era ameno tener cosas que platicar, ella me contaba sus sueños y yo buscaba interpretarlos. Su manera de narrar las cosas eran de una forma muy peculiar, con un brillo en los ojos que me reconfortaba.


Lapsus VIII


Siempre me ponía los audífonos para escuchar los audios que me mandaba mi novia. Ella siempre me mandaba largas explicaciones de las cosas que le pasaba diariamente. Aunque vivíamos en ciudades distintas, el escuchar nuestra voz nos hacía sentir cercanos.
Los días y la falta de dinero no daban para viajar a verla a cada instante, pero los pocos momentos en donde llegábamos a vernos, nos reconfortaba y envolvía de felicidad.
Ella era mi chica, los caminos no se habían cruzado por simple curiosidad. Berenice me comentaba que un día había soñado con un Ángel que la perseguía a todos lados , eso me lo comento una tarde lluviosa en un café de su ciudad. Ella me dijo con alegría que esa manifestación daba el significado de mi presencia. El brillo en sus ojos cuando me decía sus fantasías era bello, yo la abrazaba y le daba besos. Sabía que era especial perdernos dentro de nuestras emociones, así lograría encarnar un poco de la felicidad que ella invadía en mí.
Aunque la lejanía resultaba atosigante, cada noche, al estar en la completa soledad. Imaginaba las incontables veces en donde me unía con ella en múltiples planos, las ocasiones en que habíamos hecho el amor, entre besos y caricias. Muy cerca del corazón.


LAPSUS IX


La primera vez que nos vimos, fue afuera de una iglesia. Nos sentamos en la entrada y empezamos a hablar. Siempre existía una alegría y un toque especial en su voz. Motivo por el cual me agradaba mucho verla expresarse.
Hablamos de música, filosofía y de dimensiones fractales. Sin duda los temas que tratábamos eran distintos a los que cualquier persona haría.
Me contó parte de sus miedos y algunos de sus placeres. Esa vez, ella llevo un pequeño pay de zarzamora. El detalle me había encantado y más que ella misma lo hubiera preparado. ¡A mi me encantaba los postres!
Poco a poco me fui acercando a ella. Indudablemente me atraía mucho, los primeros besos que llegamos a darnos fueron magnéticos. Con un toque atrapante que me hizo desear más y más su cuerpo.
Los días pasaron y los encuentros también. Aunque al principio, Berenice me dejó claro que no deseaba entablar nada serio, yo le insistí en que fuera mi novia. Por desgracia, sus antiguas relaciones habían terminado con un desenlace incómodo y fatal. Una pequeña desilusión colmaba su mente.
Pero aún así, traté de mostrarle el camino. De llevarla de la mano hacia algo nuevo, hacia una nueva experiencia sentimental. Algo que tarde o temprano nos haría envolvernos de amor.


LAPSUS X

Berenice y yo viajábamos de aquí para allá. Éramos unos trotamundos que no parábamos nunca.
Podíamos viajar a una ciudad, luego a un pueblo mágico y después sumergirnos en alguna reserva natural.
Al principio nos conocimos por simple casualidad. Yo acababa de llegar de viaje del extranjero y deseaba tener a alguien que me diera un tour por un poblado.
El lugar era turístico y ahí la encontré a ella. Era licenciada en turismo y llevaba un cabello rubio. Era delgada y usaba zapatillas. Aunque era más baja que yo, su mirada penetrante terminó de flechar mi atención.
La seguí y con mucha atención escuché de sus consejos. Me ayudó a conocer los principales lugares turísticos del lugar y le invite a tomar un chocolate en un pequeño café bar muy acogedor.
Ahí le comenté de mi vida de mochilero. De cada una de mis paradas en distintos parajes , de cada una de las atracciones naturales y ciudades que había visitado. Me movía de aquí para allá, motivo por el cual me nutrí de los rasgos culturales de cada región.
Ella terminó maravillada por mi estilo de vida y me dijo que deseaba mucho vivir esa experiencia.
Tras ello, le pedí su número. Volvimos a salir en innumerables ocasiones, hasta que la llevé al primer viaje a una zona arqueológica. Me gustaba mucho platicar con ella y justo al momento de nadar en un río, yo la abracé y le robé un beso. Lo demás fue cuestión de tiempo.
Nuestras emociones se fueron uniendo en un vaivén de sensaciones. Hasta que la llevé conmigo a donde fuera.
Cierto día, en la cima de una montaña y mientras contemplábamos al sol salir entre las montañas. Ella me comentó que posiblemente nos conocíamos de antes.
Yo le aclaré que sentía lo mismo. Tal vez éramos almas reencarnadas que en algún punto del tiempo habíamos coincidido. Aquella idea la terminó por emocionar completamente. Nos dimos muchos besos y nos encerramos en la casa de campaña para hacer el amor.
Ciertamente, ella tenía un toque especial y único que me hacia valorarla mucho más. Su mirada me remontaba a un tiempo remoto, en donde nuestro fuego pasional nos habrá llenado en su totalidad. Todo esto y aquello volvía todo especial , un toque metafísico que nos hacía felices.

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2021

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