Diario Personal | Víctor Parra Avellaneda & Servando Clemens

DIARIO PERSONAL

Relato por Victor Parra Avellaneda & Servando Clemens

1: No hay un título. Solo un número uno y las palabras que estoy leyendo.


2: Claro que, pese a lo que podría pensarse, estas palabras no las escribí. Ya estaban. Se parece a cuando se ve una persona por la calle que nos recuerda a un conocido.


3: Mis palabras han de ser eso, pensamientos que alguien ve por las calles y que resultan familiares.


4: Las palabras que lees aquí mismo, quizá tú me las contaste en aquel bar mientras llorabas de tanta pena. Bueno, o tal vez fue la ocasión en que leí tu diario personal a escondidas.


5: No te molestes por lo que redacto. Tus más íntimos secretos me los llevaré a la lápida. Las historias son maravillosas, me han fascinado y si lo permites, me gustaría hacer una novela con mini capítulos.


6: Ven a mi lado. Siéntate. Relájate. Te voy a servir una taza de café. Cuéntame la vez que sentiste mucho miedo. Esa historia es de horror. ¡Vamos, no tengas pena!


7: Estabas leyendo un relato donde el personaje hablaba contigo, ¿no es así?
Parece que sí. Sé que ahora mismo sientes algo de extrañeza con este texto. Así mismo fue lo que experimentaste esa vez. La vez que alguien te robó la memoria y tus recuerdos.


8: Cuesta tiempo asimilar todo esto. Te sientes espiado, observado. ¿Por qué tanto alboroto por algo así?
Mi vida privada, la que se supone que tengo, está abierta a tus ojos. Tú ahora mismo ves mis pensamientos. Soy literalmente un libro abierto.
Soy tus recuerdos.
Soy el medio por el cual existes.


9: No tenías a nadie. Eso lo plasmaste en la página 68 de este diario, o novela, o qué sé yo.
Pretendías escribir una novela de ti mismo.
«Yo como forma literaria», pensaste.
Y entonces, te escribiste y me escribiste.
Estabas solo. Pero ahora puedes conversar conmigo.
Contigo mismo. El “tú” real entablando un diálogo con el “tú” ideal.
El fracasado que está en el bar, llorando alguna pérdida que en estas páginas describen de manera ambigua, sin especificar que es, aderezándola con ornamentos poéticos, sin decir qué le pasó a quien. El fracasado converso con el hombre compuesto de letras que soy yo.
Pero, ¿quién eres ahora? No eres ni de aquí ni de allá.
Te encuentras en una especie de limbo.
Ahora soy yo quien puede ver tus movimientos y atisbar lo que sientes.


10: Recuerdo que en leí una página arrugada —supongo que lloraste y le cayeron lágrimas— que deseabas ser escritor. Alguien leyó tus textos y te dijo que eras tonto, que no eras bueno para eso, que mejor siguieras en tu mísero empleo. Sin embargo, tu vida es interesante. Escribe sobre ello.


11: ¿Escuchas? Alguien golpea tu ventana. No tengas miedo, es el viento que mueve una rama y golpea el cristal. No, no te asomes, cree en mí. Nárrame otra historia. Deja de llorar, toma un pañuelo. Quiero escuchar aquella donde sentiste melancolía. Puede ser que te sirva para desahogar tus penas. Mejor, llora, que sea fuerte.


12: Posiblemente nadie lea las palabras que me dictas. Tal vez el tiempo borre tu recuerdo y jamás sepan que pisaste este mundo. ¿Sabes cómo llegar a ser inmortal? Una muerte trágica. Sí, así es. Leí en la página 79 que quisiste quitarte la vida.


13: Estuviste una semana con lo que consideraste una depresión crónica. A pesar de que lo te dijo ella, y con otras personas, y a pesar de que todas estas gentes te aconsejaron ir a terapia, tú te rehusaste. Pensaste que no era tan grave y que justamente esta depresión era una mina de oro para nuevas historias.


14: En la página 124 está la fecha 17 de septiembre de 2019, hace ya algunos años. Relatas cómo, mientras esperabas el tren, miraste fijamente las vías durante más de cinco minutos. Además, describes cómo dejaste pasar cuatro trenes, porque te quedaste observando e imaginando a la velocidad con la que te aplastaría el arribo de los vagones en un hipotético intento de muerte.
Te alejaste de las vías. Saliste de la estación y mejor optaste por caminar hasta tu casa. No te importó que esta se encontrara a más de 15 kilómetros de distancia. Tú caminaste y de ahí surgió la idea de un cuento sobre un hombre que se la pasa todo el tiempo caminando por cada una de las calles de su ciudad.
En la historia ficticia, el escritor frustrado calculaba la combinación de todas las posibles rutas. El resultado comprendería más de cuarenta años de recorridos a pie. Así estás ahora. Recorres cada posible camino.


15: “Beethoven” está escrito.
“Para ti y para mí tienen sentido esas palabras, esas letras y ese nombre. Pero algún tiempo pasará para que ni tú ni yo existamos y nadie pueda decir que ahí dice Beethoven y que ello significa algo.
¿Y si somos solo un recuerdo?”, escribes.


16: Página 142. El dibujo de una estrella.
Abajo, una reflexión sobre lo que tarda la luz en llegar a nuestro mundo.


17: “Nuestra vida es como la luz de las estrellas; es un recuerdo de algo que ya pasó y que no existe”, escribiste un día.
Mira. Mira cómo la luz de una estrella como el sol viaja a través del espacio, rebota en estas páginas y llega a tus ojos.
Estás viendo tu propio recuerdo.
Eres un recuerdo.


18: Dices que no sabes quién eres.
Por eso lees este diario.
Recuerda que la luz tarda cierto tiempo en llegar.
¿Qué pasará cuando se haga de noche?
¿Qué pasará cuando el sol se extinga?
19: “No somos nada ante el universo.
Lo que hacemos, pensamos, sentimos, no es nada.
Somos vacío”


20: ― Somos como un grano de arena en la vastedad del mar ― te respondo.


21: “Ni a grano de arena llegamos.
Ni a la idea del grano.
Ni a la idea, porque somos tan exiguos que es imposible que ante nuestra pequeñez algo o alguien nos haya pensado.
Si ese algo nos hizo, fue solo la nada”, escribes.


22: “¿Cómo puedes pensar en algo que no existe? “
Te pregunto.


23: “No se puede”, me respondes.
“Es imposible pensar en algo que no existe”, añades.


24: Tal vez esto que lees y que alguna vez me contaste o lo leí en el diario, sólo es un sueño. O quizás te lo platicó la voz que te atormenta.


25: Si dicho diario no existe, puedes empezar ya a redactarlo. Escríbelo, bueno, hazlo si en realidad tú existes también.

Cuento hecho en Duo por los escritores mexicanos : Servando Clemens y Víctor Parra Avellaneda.

Publicado en el 4to número de la Revista de Literatura Independiente 《El Axioma 》 2019

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