Premoniciones de Universos Lejanos

Premonición de Universos Lejanos

El ambiente se tornaba desolador, cielos oscuros y nublados, edificios destruidos y algunos colapsados. Ámbar trataba de buscar un escondite donde lograr descansar por un momento. Habían pasado más de dos semanas, escapando de las bestias mecánicas que acosaban a la ciudad. Una combinación de drones vigilantes y androides violentos custodiaban todo el lugar.


En cualquier momento, podía empezar una tormenta eléctrica y las calles se tornarían aún más peligrosas, esas enormes tormentas poseían consciencia propia, al mínimo movimiento humano, las nubes soltaban terribles descargas eléctricas sobre la persona, incinerándola por completo. La poca población que quedaba aún con vida, sabía por demás que aquello no era natural, pues debía ser una manipulación maligna de la Inteligencia Artificial Deus Cortex.


Ámbar formaba parte de la Guerrilla Militar de Resistencia, su trabajo era conseguir información sobre Antenas Geolocalizadoras. Éstas se hallaban ocultas en la ciudad y mandaban información sobre la localización exacta de los pobladores de cada sector de la ciudad, habían sido en las primeras semanas, armas silenciosas que dirigían ataques a civiles desprotegidos, pero que estaban igual contra el orden establecido de control social. Toda la población tenía un nanochip localizador en su organismo, en muchas ocasiones, aquellas antenas tenían la información exacta de la localización de aquellos nanoreceptores, las cuales aportaban datos para extirparlos y librarse de los malignos ojos de Sistema.


La chica se hallaba herida. Su pierna izquierda le sangraba y a pesar del torniquete rudimentario que implementó con un trozo de tela, aún la sangre supuraba de su herida.
Ella se escondió en un edificio en ruinas. Dentro habían personas muertas, muchas de ellas por ser traspasadas por un proyectil justo en medio de la cabeza. Ya tenía días ahí y el olor a mortandad era irritante.


Unos drones sobrevolaron el área. Inspeccionaron el área con su escáner color verde, buscando indicios de calor humano. Los resultados fueron negativos. La chica pudo respirar aliviada por unos momentos. Pero debía hallar la manera de curar su herida o moriría desangrada.


—————-


― Debo confesarte algo Marco.
Comentó Amanda a su novio, algo nerviosa.
― ¿Qué pasa cariño? Dime.
La chica se miraba consternada. Se mordió los labios por un momento y dudando entre lo que iba a decir, dijo:
― Nunca has tenido la sensación de que algo malo te está pasando en algún otro lugar…
Marco le interrumpió.
― No te entiendo cariño. ¿Cómo si presintiera algo malo?
― ¡Exacto! Presentir. A eso me refiero. Pero … realmente me referiría hacia mi propia persona, pero en algún otro punto de la existencia.
― ¡Ah caray! Eso si no te puedo entender. ¿Has sentido algo parecido últimamente? No logro entenderte bien.
― Mira …
Amanda levantó un poco su pantalón hasta la pantorrilla y le mostró un grave moretón en la pierna izquierda. Tal pareciera que hubiese tenido un contundente golpe.
― ¡Diablos corazón! ¿Qué te paso ahí? ¿Dónde te golpeaste?
― No tiene mucho caso amor. No te preocupes. Pero así amanecí hoy. Pero me levanté sobresaltada. Tal como si temiera por mi vida. Más allá de eso, no había tenido ninguna pesadilla… Pero sentía una corazonada, como si yo misma corriera peligro en algún lado.


Marcos miró consternado a su novia. No lograba entender lo que ella le quería decir. Pero recordó una idea loca que había escuchado en la Universidad.
― Me parece muy extraño lo que dices… pero no tan alocado. Recuerdo que en la Facultad, en la clase de Física, el profesor nos había contado sobre la posibilidad de que existieran Mundos Paralelos, en esos mundos podríamos tener clones de nosotros mismos, pero con diferencias conductuales y algunos físicos. En aquel tiempo lo tomé como una teoría impresionante, pero ahora que me dices esto, podría tener alguna relación con lo que me dices.


Amanda se miraba en shock, aquella información le había caído como anillo al dedo. De alguna u otra forma, eso podría ser posible.
― Que bueno que te acuerdas de eso cielo. Es una suposición interesante. Pero … ¿Cómo pudiera tener contacto con estos mundos?
Marcos meditó por unos segundos.
― No lo sé con exactitud. Pero si fuera posible, debería de ser con alguna técnica telepática y reflejante ¿no? Aquello debería representar una conexión remota con esos lugares anormales.


― Podrías tener razón…


Los dos chicos paseaban por el parque de la ciudad, todo el ambiente era tranquilo. Niños jugando en los columpios, pequeñas aves cantando sobre los árboles y un jovial sol alumbrando tenuemente el cielo.


Amanda era una joven que estudiaba en la Facultad de Lenguas. Cosas extrañas le empezaban a pasar en su cuerpo, además de ideas que surcaban su mente por breves instantes, le daban a entender de que algo raro pasaba con ella, o más bien, alguien se trataba de comunicar remotamente.

Esa noche al regresa a su casa, ella meditó sobre lo que haría a continuación. Se le ocurrió sentarse frente a un espejo que tenía en su ropero; ,mirarse fijamente podría ser una opción factible para entablar comunicación con algo o alguien.

———

Ámbar se levantó de sobresalto. Había tenido ese extraño sueño otra vez. La chica caminaba en un fresco parque a lado de un chico alto de mirada jovial y alegre. Hablaba con ella y le contaba sobre su vida atareada en la Universidad. Ella podía sentirse feliz a lado de él y de alguna manera lograba tener un cariño hacía esa persona. El lugar se miraba ameno, aves cantando en las copas de los árboles, el cielo despejado y azul. De pronto caminó directo a una fuente en el centro del parque y se dirigía al borde para ver las aguas cristalinas del tanque, se observó y tal parecía esa chica era ella, pero se miraba con un semblante más positivo, un fleco de su cabello castaño en su frente y una vestimenta colorida, pareciera que fuese una versión de ella pero en un ambiente pacífico.

No lograba comprender.

¿Por qué tenía esos sueños? ¿Quien era ese chico que nunca había vjisto en su vida? ¿Y quien era esa chica? ¿Era ella?


Movía su cabeza y trataba de olvidar esas imágenes en su mente. Sólo la disfraían, no sería la primera vez que soñaba algo parecido, ella lograba ver varias escenas de la vida de aquella chica en innumerables sueños.

Ella se encontraba en la segunda planta de un edificio departamental. Logró esconderse en una habitación que no estaba tan deteriorada.
Se levantó del sofá donde se había acostado un rato y caminó instintivamente hacía un espejo que colgaba de la pared. Estaba sucio y lleno de telarañas. Lo tocó y lo limpió.


Se vio al espejo. Ella tenía una cicatriz en su frente, unas ojeras terribles y un cabello maltratado y quebradizo. Trató de sonreír, ella deseaba que aquellos sueños se volvieran realidad. Anhelaba un poco de paz.

Colocó su mano en el espejo y al cabo de unos segundos, algo ocurrió. El cristal empezó a vibrar y su reflejo se comenzó a distorsionar, moviéndose como un charco de agua. Ámbar se alejó un poco y logró ver algo que le helaría las entrañas.


Al otro lado, una chica la observaba sentada en una linda cama. La joven al verla igual reaccionó con asombro.

Aquel reflejo era el de la chica con quien soñaba. No lograba entender que pasaba. Pero se acercó, al otro lado había una tenue luz de una lámpara y cuarto adornado con peluches y fotos. En cambio de su lado, todo estaba desgastado, paredes con moho, muebles rotos y un ambiente oscuro y lúgubre.

Ambas se quedaron observando con total fascinación, hasta que un rayo verde iluminó por completo el cuarto de Ámbar. Algo la había localizado.

———



Amanda estaba emocionada al ver a aquella joven con vestimenta militar al otro lado del espejo. Y aunque el lugar se miraba tétrico, seguramente esa chica debía ser de quien presentía desmanes.

Pero todo se volvió complicado. Al otro lado un enorme objeto destruyó una pared en la habitación de la extraña chica. Seguidamente la escaneó y Ámbar trató de escapar, pero sus movimientos fueron nulos, un enorme dron la sujetó con una serie de cables que apretaron sus extremidades y su cuello.

Amanda se sintió impotente. Algo malo ocurría ahí dentro y quería ayudar.

― ¡Amiga¡ Tranquila, yo te ayudaré.

Ella fue por un martillo y trató de romper el cristal. Al momento de hacer aquello , una fuerza salvaje la empujó, lanzándola en la cama y fragmentando todo el cristal.

Todo había acabado. Ella nunca más sabría quien era aquella chica al otro lado.

Amanda se soltó a llorar. Y dos moretones se habían formando en sus hombros. Deseaba con todas sus fuerzas que aquella extraña chica se hubiese librado de esa vil máquina. Tal vez ella nunca lo sabría.

AJEDSUS

Relato dentro de los Premios Oscar Wilde de Boukker.

Pueden votar en el siguiente enlace;

https://www.boukker.com/read-story/8201_premoniciones-de-universos-lejanos.html

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