Egorythmia

Egorythmia

 

Luces centellaban de aquí para allá, se lograba ver como algunos hologramas eran tan reales que podías confundirlos con verdaderos objetos físicos a punto de estrellarse en tu frente, algunas medusas multicolores surcaban virtualmente los techos del gran Club Nocturno Akeronthe y la música una mera combinación de sintetizadores y rock industrial se escuchaba en todo el complejo, iluminando a cada pasillo con colores extravagantes y profundos, algunos tonos celestes y magenta, esmeralda y zafiro adornaban a los salones de baile con gran intensidad y grandeza.

El Akeronthe llegaba a ser la gran innovación en clubes nocturnos de todo el sistema planetario, a grandes rasgos se llegaba a tratar de una gran nave espacial que surcaba el abismal espacio rumbo al planeta afrodisiaco de Numrad, en donde miles de humanos y alienígenas viajaban a bordo para pasar las vacaciones de sus sueños y encontrar una que otra aventurilla.

La nave era enorme, tenía la forma de un transbordador antiguo, siendo de diez pisos y portando tres grandes alerones a los lados, toda la máquina era  impulsada por una serie de ocho potentes turbinas de plasma. Su  estructura frontal poseía una serie de tres grandes ventanales los cuales daban una vista asombrosa para los viajeros a bordo del crucero, pues mostraba la majestuosidad de los planetas que se miraban cercanos y las estrellas fugaces que pasaban de forma volátil cerca del navío espacial ante la inmensidad de la total oscuridad, la cual era un poco opacada por la gran luminosidad dentro del gran complejo turístico.

Dentro de la nave se distribuían una variada cantidad de maneras de divertirse, desde ver películas holográficas, poder ver obras de teatro protagonizadas por alienígenas de Setenkur-5, hasta el dejar viajar la conciencia con drogas importadas de varios puntos de la galaxia, desde opiáceos con alcaloides naturales, hasta sintéticos hechos por contrabandistas ilegales, el cúmulo de actividades para pasar el rato eran más que solo ir a bailar y tomar licores, sino que también incluían el tener sexo recreativo con seres de otros planetas.

Ikarus era un humano que viajaba por primera vez a bordo del Akeronthe, había escuchado muchas historias sobre las alocadas fiestas que se llegaban a realizar a bordo del club y también sobre la enorme variedad de razas extraterrestres que podían verse dentro, en donde algunas llegaban a ser agradables en la vista del morbo del ser humano. Existían una serie de híbridas de Zeta Reticulli, las cuales aunque eran grises y altas, estas poseían una serie de cuatro pechos voluminosos que sobresalían de su cuerpo, aunque fuera un tanto extraño salir con tales tipos de alienígenas, para muchos humanos este tipo de seres les parecían muy atractivas, más por que poseían enormes ojos azules que eran muy sensuales para muchos machos. Por otro lado también estaban las Pleyadianas las cuales no diferían mucho de la forma humanoide de los terrestres, pues estas en su mayoría eran rubias y altas, con ojos verdes y cuerpos voluptuosos, también eran muy apreciadas por los humanos, pero también eran muy apetitosas para seres masculinos de la raza Actuarys, quienes portaban un cuerpo fornido y una cabeza alargada, estos poseían solo un ojo y a semejanza de los demás machos, estos tenían dos penes, que en vista de las pleyadianas eran muy bien recibidas, pues apenas terminaban de divertirse con uno, podían empezar a saciarse con el otro, siendo estas las parejas más sexuales de todo el repertorio sexual a bordo de la nave.

Por otro lado también estaban las sexoservidoras androides, quienes variaban en formas, desde humanoides, hasta viles máquinas metamórficas que podían cambiar de estructura corporal y facial, según fuese el deseo del cliente que tuviese.

El joven Ikarus tenía 24 años y era un terrestre de estatura media, tenía cabello corto y con una franja larga que era de color azul, portando además un traje de cuero y botas color café. Este se divertía mucho dentro del salón de thecno-odissey en donde se colocaba música electrónica de varios planetas industrializados y donde los zeta reticulanos eran los que más se destacaban por la maestría de combinar tonos metálicos con suaves  melodías del teclado, retumbando con fuertes percusiones. El joven se divertía con varios amigos que había hecho en el crucero y hablaban sobre lo fascinante que era el haberse embarcado en tal viaje. Las luces multicolores se arremolinaban en todo el lugar y la música retumbaba en cada rincón del salón, el licor volvía locos a sus turistas y la combinación con drogas daban el toque definitivo para que algunos se mal viajaran y estuviesen corriendo como locos por los pasillos de algunos salones de baile y restaurantes.

Una reticulana observaba con detenimiento a Ikarus y aunque no poseía una nariz pronunciada como los humanos, esta podía oler con sus orificios nasales la tetosterona que corría por todo el cuerpo del joven. Esta se hallaba sentada en la barra de servicio de licorería y dedicaba cada momento una sonrisa al joven humano que se hallaba a unos pasos de ella. Por otro lado, Ikarus estaba un poco sometido bajo los efectos del alcohol, pero también se había fijado en la alienígena que le observaba a cada instante, su ritmo cardíaco se había acelerado y era momento de actuar, el joven le quedo observando con detenimiento y la música se fue opacando poco a poco, hasta retumbar un tenue sonido de bases graves mecánicas y melódicas. El joven se acercó a la sensual reticulana y le habló;

  • Hola chica. ¿Hablas terrestre?

El joven la quedo viendo con una sonrisa picará y mientras esperaba una respuesta de su compañera, este observó con deseo sus cuatro grandes pezones que se miraban en su encaje de cuero que traía con ella.

  • Claro que habló terrestre mi cielo. He visto pasar a muchos de tu especie por estos lugares y es muy usual que nosotras aprendamos su idioma.

La alienígena  respondió y dirigió un guiño con sus grandes ojos sensuales.

  • ¡Vaya! Eso me agrada mucho… ¿Te gustaría tomar una copa de vino en un lugar más privado? — dijo el joven con firmeza y acariciando la suave y tersa piel gris de aquella extraterrestre.
  • Claro que me gustaría… te he visto un largo tiempo desde que entraste al bar y me has gustado mucho.
  • Que sorpresa, también tú me has atraído mucho querida. Me ha interesado mucho tu especie desde que había escuchado de ustedes en mi planeta. Por cierto me llamo Ikaros y ¿tu primor?
  • Mucho gusto, mi nombre es Niore.

La música envolvía a los dos seres y estos se atraían mucho desde el primer momento de verse, entre sus miradas picaras se podía observar una cierta química espacial que los incitaba a moverse a más de prisa, el alcohol que corría por sus venas se volvía un detonante para sus impulsos y un simple roce de sus pieles desencadenaría deseos más allá de lo convencional.

Ikarus y la alta Niore, se dirigieron al cuarto del joven terrestre, el cual se hallaba en el cuarto piso del complejo, en donde se hallaban la mayor parte de los departamentos. Ikarus podía  olfatear un delicado perfume que rodeaba el cuerpo de aquella alienígena, era tal aroma que le erizaba la piel con solo verla y aunque era algo extraño caminar con tal ser, él tenía una atracción muy intensa hacia ella, era como caer en las redes de una telaraña seductora de otra dimensión.

Los dos individuos entraron al departamento y el chico Ikaros observó con deleite el cuerpo de la reticulana, esta tenía un cuerpo demasiado parecido a las humanas, solamente que el contraste gris de su piel denotaba una diferencia evidente, contando con sus grandes ojos con iris azules, aunque sus piernas eran largas, sus brazos tenían un tamaño proporcional a su cuerpo, no tenía cabellera, pero traía consigo unas pequeñas extensiones de cabello color violeta que caían de su alargada cabeza y  le daba una apariencia más humanoide, ella portaba un traje de cuero ajustado a su cuerpo y podía notarse unos grandes glúteos definidos en su parte trasera.

Ikarus la acostó en su cama y poco a poco la empezaba a acariciar, la reticulana empezó a besar el cuello del terrestre y este se retorcía de un pequeño escalofrío por notar su lengua bífida y fría. El chico se quitó la chaqueta y se desabrochó los pantalones de cuero, mientras la reticulana tiraba de un largo cierre que se hallaba a un costado de su cuerpo, está la fue recorriendo hasta que se desvistió poco a poco con un movimiento sensual que agradó mucho a Ikarus.

El terrestre la observó desnuda y como un choque eléctrico en su interior, fue detonándose una gran excitación. Sus grandes pechos caían por su vientre y podían verse que palpitaban por lo excitaba que también ella estaba, esta poseía unas areolas parecidas a las terrestres solamente que diferían por tener la apariencia de hojas de trébol. Su piel gris más allá de que fuese inusual, se miraba apetitosa en aquella situación tan íntima.

Ikaros la besaba con intensidad y su ritmo cardiaco se aceleraba más y más, este había observado que su vagina estaba totalmente despojada de cualquier vello, en comparación a él que tenía un vello púbico abundante. Su miembro estaba grande y la vagina de la reticulana llegaba a observarse una serie de pliegues que llegaban a parecerse como homologías a los labios vaginales de las terrestres. Este besaba con intensidad los pechos de la alienígena y aquella gemía de placer, hasta que poco a poco, Ikarus rosaba su miembro por las piernas de la reticulana, hasta que insertó su miembro dentro de ella, penetrándola con intensidad. Este pudo sentir que los pliegues vaginales de la chica se habían pegado a parte de su zona genital, por lo que aquellos pliegues masajeaban con viscosidad a los testículos de Ikaros. El joven sentía una gran cantidad de presión dentro de ella y aunque fuesen de diferentes especies, este podía sentir aún más placer con la alienígena que con lo que pudo haber tenido con alguna terrestre.

Los dos seres gemían de placer en aquella recamara, hasta que los últimos movimientos pélvicos de Ikarus llegaban a su final tras media hora de intenso placer. Los pezones de la reticulana se habían oscurecido un poco y sus ojos se miraban con sus pupilas dilatadas por la sensibilidad que tenía ella con el terrestre. Llegó entonces el tiro de gracia, Ikarus penetró con fuerza la vagina de la reticulana  y tras un largo lapso este terminó con un triunfal orgasmo  eyaculando dentro de ella, momento en el cual la alienígena gimió de forma muy alocada y soltó algunas palabras en su dialecto nativo.

  • Nunca había sentido algo tan intenso en mi vida que el tener sexo contigo pequeña Niore.

Comentó agitado Ikarus, mientras abrazaba a la reticulana.

  • Lo mismo puedo decirte joven terrestre. Los de mi raza, poseen miembros muy delgados y con algunos pliegues genitales como los míos, pero tu miembro grueso aporta más placer que aquella estructura en los de mi raza.
  • Es bueno conocer un poco de anatomía extraterrestre creo… me ha gustado mucho esto querida, me gustaría volverte a encontrar otra vez…
  • Pero el encuentro no ha terminado querido… mejor descansa, cuando despiertes podremos seguir una vez más.

La voz de la reticulana se sentía tenue y delicada, al grado que cada palabra llegó a mecer en una comodidad a Ikarus tal como un bebe en su cuna. Por lo que al pasar algunos segundos, el joven terrestre terminó por dormirse.

La noche transcurrió y al siguiente día, los rayos del sol se activaron dentro del departamento de Ikarus anunciando un nuevo día dentro de la nave. El joven terrestre despertó y poco a poco abrió los ojos. Pero algo había de inusual aquella mañana, pues al voltear  al otro lado de la cama, este pudo notar que no estaba la sensual reticulana, no podía verse la ropa de aquella alienígena y por lo visto se había marchado. Ikarus se levantó y se rascaba los parpados de los ojos tratando de aligerar su despertar, hasta que pudo notar algo inusual en la entrada que daba al baño de su departamento, pues lo que en la noche anterior llegaba a colgar de su parte pélvica ahora no estaba… Ikarus soltó un grito de horror y se tocó su pubis, el no halló nada, sino más que un pequeño orificio con un pequeño pliegue saliendo de este como una tripa deshidratada. Lo que en la noche anterior era la ubicación de su pene y testículos, ahora estos no estaban… se lo habían extirpado.

El joven entró en pánico y trato de buscar respuestas en su habitación, al entrar al baño para lavarse la cara y tratar de pensar que aquello era una pesadilla, este se encontró con una nota en su espejo del lavabo que decía;

“Me he llevado tu pene, mi pequeño amigo terrestre. Pase una velada grandiosa contigo. Pero tu esperma y el tejido de tu aparato reproductor es muy cotizado en el mercado negro de mi planeta. Nos veremos pronto. Con cariño. Niore.”

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