El Aroma en Aquel Lugar Árido

El Aroma en aquel lugar árido

Ajedsus

 

La excursión a aquel desierto había sido un completo error. Todas las posibilidades de salir vivos de tal lugar árido y desértico siempre resultaron muy bajas, pero la forma en que logre ver desaparecer a mis amigos fue de una forma atroz y sobrenatural.

Tal vez debería de ser un poco exacto tras conocer un poco sobre el tipo de fenómenos que acontecieron,  pero tal hábito en tal ser, nunca había sido documentado y si en algún momento esto había resultado una mera especulación, ahora se denotaba como una completa realidad.

Gustav Fender y David Terna, eran dos de mis más grandes amigos desde que había terminado de estudiar arqueología, pero lo que al principio había llegado a ser un viaje de paso por los territorios de Namibia para volar hacia los territorios de Irak, esto llegó a resultar un completo desastre.

El 22 de Noviembre del 2019 los vuelos habían sido suspendidos a causa de los posibles ataques terroristas que según por informes de la guarda internacional de tráfico aéreo empezaban a desarrollarse por los atentados en España. Al principio del viaje, todo resultaba tranquilo, las relaciones exteriores entre estos países del  continente africano se representaba con una pequeña paz, pero nosotros habíamos llegado en un mal tiempo y las amenazas de apoderarse de las aerolíneas estaban a flor de piel, sobre todo a manos de serie de guerrilleros de Namib llamados popularmente “los caballeros del sol negro”.

– Deberíamos de pasear por los alrededores de la ciudad – comentó Gustav de forma alegre, mirando hacia los lados y notando como a lo lejos se observaba algunas llanuras desérticas.

– No creo que sea conveniente aventurarnos por estas tierras Gustav. Ya escuchaste los anuncios y precauciones que mencionaron el equipo de seguridad de la aduana. No es precavido salir así como si nada en estos lugares. – mencione de forma decisiva y con un poco de inquietud.

–  Estas exagerando Gerard, no creo que exista gran peligro al salir a pasear por estos lares, además será bueno conocer nuevas cosas en el lugar en donde estamos y de paso conocer si hay algún sitio arqueológico en las inmediaciones de aquellas llanuras.

Tras debatir un poco sobre la decisión de ir o no ir a descubrir lo que podría existir en tal lugar, nos dirigimos a un mercado concurrido en donde cerca de este se hallaba los transportes que llevaban a turistas a puntos importantes de Namibia.

Los chicos se miraban entusiasmados, por lo que contactaron un pequeño traductor para hablar con las personas de ahí.

Un joven transportista, nos comentó que a unos diez kilómetros de la ciudad se hallaba un sitio arqueológico muy concurrido y en donde muy pocas personas tenían la osadía de llegar. El chico de tez oscura y corta cabellera, nos pidió una cantidad de dólares moderados para llevarnos a tal lugar, cosa que nos pareció muy interesante, pero a la vez una pequeña duda me crecía al ver la sonrisa blanca y algo burlona de algunos de las personas nativas que nos observaban como conejillos de indias en aquel lugar.

Pasaron unas horas, tras el viaje que emprendimos con el nativo llamado Zumanda que nos llevó sobre su Jeep a un viaje turístico que habíamos pagado con mucho interés. Logramos ver la poca vegetación que dominaba las tierras de Namibia entre estas algunos helechos y hasta algunas grandes cycadas, además de las aves de rapiña que sobrevolaban los cielos áridos de aquel lugar.

De pronto algo extraño estaba sucediendo, pues el joven Nami, había recibido una llamada y lo que parecía una simple conversación se convirtió en una plática extraña en donde este nos observaba de reojo por algunos instantes. Poco a poco, nos encontramos en una llanura muy amplia y en donde a pocos metros se lograba a observar la presencia de dos camionetas en medio de la nada. El sol apresaba la tarde y el poco aire que se movía en el ambiente daba mucho a que desear para saciar nuestra comodidad.  Pero algo raro empezaba a suceder, pues dos sujetos armados bajaban de tales camionetas y se acercaban poco a poco a nuestro jeep. El joven Zumanda, nos observó por última vez y habló en su lengua nativa, indicándonos que ahora formábamos propiedad de las personas que se acercaban a nosotros. En tal momento, llegamos a brincar del Jeep y comenzamos a correr lo más que pudimos sobre la superficie árida de tal lugar.

Gustav pudo agarrar su maleta y correr con ella, pero el pobre de David había intentado jalar sus pertenencias, pero al hacer esto, él había sido baleado por unos de los agresores que se acercaban poco a poco a nosotros.

Empezamos a correr lo más que pudimos hasta la inmensidad del desierto, hasta que no logramos observar más a los perpetradores. Por suerte, estos no nos siguieron por las arenosas llanuras en donde habíamos empezado a entrar.

Seguimos corriendo hasta no poder más, de alguna extraña manera, los perpetradores no entraron al territorio en done habíamos entrado.

Tras pasar algunas horas caminado, la noche empezaba a caer, pero no lográbamos hallar mucha vegetación o lugares a donde ir.

– ¡Miren hacia el horizonte amigos!

Exclamó el joven David, el cual dirigía su dedo a unas plantas que se observaban a unos metros de distancia de donde nos encontrábamos.

Nos pareció interesante el hallar a una serie de plantas en tal lugar, pero mucho más el hecho de que estas resistieran el fuerte calor azotador del desierto. Tales plantas llegaban a ser terrestres, sujetas al sustrato, portando un par de hojas laterales las cuales se alargaban en gran manera  por todo el suelo en donde se encontraba y portando una serie de conos que le servían de soporte reproductivo.

La noche caía poco a poco, y mis amigos y yo contemplábamos a tan interesantes plantas y mucho más su morfología tan peculiar.

Al tener la noche sobre nosotros, pudimos darnos cuenta de la baja temperatura que ahora nos acosaba e incomodaba nos empezaba a corroer la piel y nos robaba energía, pero lo más inusual, es que de aquellas plantas extrañas que se  hallaban el suelo, llegaban a brillar de una forma inusual y hasta un fétido aroma se desprendía de ellas. Nosotros nos dimos cuenta de ello, por lo cual nos decidimos a alejarnos de ellas. Pero de repente, Gustav llego a soltar un grito muy paranoico.

–  ¡No puedo moverme amigos! ¡Ayúdenme!

David y yo corrimos a socorrerlo, pero este se había enredado con una de las grandes hojas de la extraña planta del desierto. Nosotros intentamos romperla con nuestras manos, pero tal hoja llegaba a ser muy resistente. David saco una navaja de su mochila pequeña que traía en su pantalón e intento cortar las hojas gigantes, pero poco a poco nos empezamos a dar cuenta que el fétido aroma, ahora era mucho más evidente y una pequeña pesadez ahora se adueñaba de nuestros cuerpos.

Una luna llena se observaba dominando el cielo nocturno, cuando yo y mis dos amigos fuimos sometidos a la tóxica trampa que emanaba la planta desértica de Namibia y lo que al principio representaba un pequeño adormecimiento, ahora este se expresaba como una anestesia total de nuestras partes del cuerpo y un extraño estado de somnolencia nos aprisionaba.

Yo luchaba con todas mis fuerzas de no terminar dormido. Cuando en un instante fui testigo de algo que no podía creer. Lo que al principio se observaba como la gran hoja de la planta rodeando la pierna de Gustav, ahora esta jalaba poco a poco al dormido de mi compañero hacia el centro de la planta. El cuerpo un poco esbelto de Gustav era arrastrado en la arena hacia la gran planta, la cual poco a poco levantaba sus segmentos de sus hojas hacia el suelo como grandes tentáculos y abría de una forma irregular parte del ápice de su gran tallo, el cual mostraba una oscura cavidad leñosa, llena de pequeñas estructuras filosas a modo de dientes. En un momento, el cuerpo de mi querido amigo Gustav, fue devorado poco a poco por aquella planta, la cual aunque estuviese pegada al suelo, llegaba a ser una planta degenerada y lista para devorar a seres vivos para su supervivencia. Pero tal espectáculo sangriento, llegaba a ser demasiado tormentoso e irreal.

Con todas las fuerzas, busque la manera de liberarme de tal aroma hipnótico al cual había sido sometido ante tal planta salvaje, que sutilmente nos había atraído a su valle mortal. De alguna manera, logre mover las extremidades de mi cuerpo que estaban entumecidas y pude salir arrastrándome de aquel lugar. Poco logre saber de mi amigo David el cual se había encontrado de igual manera muy cerca de aquellas plantas.

Tras salir ileso de tal acontecimiento demasiado traumático, pude conocer que tal planta llegaba a ser parte del grupo de las Gimnospermas y que esta formaba parte de la Clase Gnetopsida, estas llegaban a ser plantas que formaban conos como partes reproductivas y que hasta llegaban a vivir miles de años, tal como lo era en el caso de la amiga que había devorado a mis antiguos amigos, la salvaje y sutil Welwitschia mirabilis.

A partir de tal momento, ya no quise volver a tales lugares áridos y mucho menos en conocer tales secretos abominables que se encontraban en la naturaleza, tal vez de esta forma errática de alimentación, estas plantas llegaban a vivir en tales lugares extremos y hasta sobrevivir cientos de años, tal vez y siempre era necesario tomar un buen almuerzo para recuperar grandes cantidades de energía para soltar un aroma a muerte.

Welwitschia (Welwitschia mirabilis) female plant with cones

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3 comentarios sobre “El Aroma en Aquel Lugar Árido

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