Requiem Uns Diaboli

Requiem Uns Diaboli

AJEDSUS

 

La lluvia caía tempestuosamente aquella noche de Octubre. La gran Catedral de San Bruno se miraba iluminada por los rayos que caían del cielo nublado. El viento corría de forma huracanada y los árboles se movían tal como si fueran a desplomarse, en el cielo, algunas nubes se movían como grandes olas oscuras, llegando a mostrar en instantes a una luna roja posada sobre el firmamento nocturno.

Oscuras sombras se movían en dirección hacia la iglesia y la solemne figura de la cruz temblaba efecto de una tensión latente dentro del lugar. Un pequeño cuervo acercaba su cabeza hacia un gran ventanal que daba vista hacia el interior de la catedral, tras pasar las luces de los rayos, estas iluminaban parte del complejo en aquel sitio, mostrando la presencia de una persona en el interior.

Dentro de la catedral, una chica con largo cabello rojo y un vestido negro que arrastraba por los suelos, se encontraba pintando un gran pentagrama sobre el piso de caoba del templo cristiano. Ella regaba con un largo frasco, grandes cantidades de sal, para ir trazando poco a poco un gran circulo alrededor de la estrella aparentemente invertida que había hecho, dentro de la figura, se encontraban gran cantidad de símbolos árcanos y alquímicos, construyendo así, una extraña configuración mágica hacia su trabajo nocturno.

El cabello de la chica se miraba enmarañado, muy despeinado y por momentos una rara corriente de aire cruzaba  cerca de ella y le movía sus largos risos, pareciéndose ella como una mítica Medusa. Su cara se miraba maquillada completamente de blanco y con dos símbolos hebreos dibujados en cada lado de su mejilla. Sus ojos eran azules y se miraban un poco hinchados de pequeñas venas. Ella era alta y sobre sus manos traía puesto unos largos brazaletes de plata con las mismas estrellas trazadas en ellas.

La gran sala de la iglesia se miraba un poco despejada, las grandes sillas alargadas de madera habían sido replegadas hacia la entrada, llegando a tapar a la gran puerta principal, tal como si no quisiese que nadie entrara y arruinará su ritual.

Tras unos minutos el dibujo quedó listo y la chica sonrió con una delirante sonrisa demacrada, mostrando algunos dientes grises y encías rojas. Dejo el frasco de sal sobre el suelo y se dirigió hacia el pedestal de la iglesia en donde sobre unos escalones descansaba una gran maleta negra, y dentro del cual algo o alguien se movía en su interior.

La chica abrió la maleta y unos pequeños brazos salieron de ahí. Ella metió sus manos y sacó poco a poco a un pequeño bebe de apenas un año de edad. El pequeño infante estaba vestido con un pañal de manta y  tenía una pequeña cinta gris en su boca, con algunos hoyos para que pudiese respirar. El bebé era de tez blanca y podía verse que temblaba del frío.

La extraña chica caminó hacia donde estaba el gran símbolo en el centro de la capilla y colocó al bebe dentro del circulo con el pentagrama, dejándolo dentro del pentágono central, en donde se miraba un ojo dibujado con gis. En ese momento la extraña chica le quitó la cinta al infante y este estalló en llanto, llenando al lugar de un eco suspirante y resonando con los truenos de la lluvia al exterior.

Ella sacó un pequeño libro café que traía dentro de una bolsa que tenía consigo. Y lo abrió buscando algunas páginas en especial, al hallar el escrito indicado, esta empezó a conjurar en una inusual lengua con tono gregoriano  una larga oración de invocación que decía;

“Tenebrarum diabolo te dedi in gratiam istam, sic vis das mihi et potestas tenebrarum Gloria tibi Domine.”

Al momento de decir aquellas palabras, un gran rayo cayó cerca del lugar, iluminando todo el complejo y arreciando la lluvia. Luego de ello, la chica se acercó al pentagrama y se agachó en donde se encontraba el pequeño bebe, ella miró con ojos punzantes al infante y de su bolso de piel sacó una gran daga de plata, con un mango de madera donde se miraban inscritas letras hebreas.

El tiempo pareció detenerse en ese instante, la mente de la chica se silenció y la lluvia llegó a inmutarse, las luces de los rayos iluminaban al lugar con mayor tiempo y las sombras se movían más y más hacia el centro de aquel templo. La chica levantó poco a poco la daga con sus manos hasta la altura de su cabeza y con fuerza dejó caer el filo del arma directo a su víctima, hasta llegarlo a clavar dentro del estómago del pequeño bebe, al hacer aquello ella miró hacia el techo y vociferó un alarido desgarrador, gruñendo con un tono gutural, que resonó en todo el lugar. Ella giró la daga dentro de plexo solar del infante y tras ello abrió sus entrañas, llegando a brotar gran cantidad de sangre.

Unas pequeñas lagrimas recorrieron la cara de la peliroja y su maquillaje blanco se fue desvaneciendo hasta mostrar su rostro de tez blanca y los dos símbolos en sus mejillas comenzaron a tatuarse en su piel con fuego, dejando tras ello, unas cicatrices con las dos letras en hebreo enmarcadas en ella.

La chica se levantó y dio unos pasos atrás, alejándose un poco del símbolo, en donde en el centro se hallaba la ofrenda de carne hacia su ritual de sangre. La sangre del bebe fue esparciéndose por todo el piso de madera, pero esta se fue distribuyendo en cada línea trazada con sal, siendo absorbida por esta y contornando la figura con un rojo carmesí. Tras unos tres minutos, el piso empezó a temblar y los enormes ventanales de la capilla estallaron efecto de una gran ventisca que llegó a entrar tras un golpe de la inclemente lluvia. Un gran cuerpo espectral entró en una de las ventanas rotas y se fue volando hacia donde estaba la chica, llegando a posarse dentro del gran símbolo, sobre él bebe sacrificado.

La oscura ave de metro y medio, movió su cabeza en dirección al infante y este metió su pico dentro de su diafragma, acción que hizo que este sacara un pequeño corazón de su interior, el cual llegó a devorar con deleite, una vez que hubo devorado aquel órgano, el cuerpo del niño se fue desvaneciendo como pequeñas cenizas en él aire, diseminándose como un espeso polvo rojizo hasta desaparecer. Luego de aquello, el cuervo dirigió su mirada hacia la chica que le observaba al pie del pentagrama carmesí y empezó a entablar platica;

  • Lo has hecho muy bien para ser tu primera vez mi pequeña Rossa Liese. El corazón de este niño ha sido una delicia para mi paladar.

Comentó el cuervo con voz juvenil y agradable, observando a la chica con sus ojos con pupilas luminosas. La chica le observó con asombro y le contestó un poco nerviosa;

  • Supongo que salió tal como debía de su..su..ceder… ¿No?

El cuervo le observó detenidamente y movió su cabeza mirándola de lado. Tratando de buscar algo dentro de su alma.

  • Te noto un poco tensa mi querida niña ¿Acaso te arrepientes de esto?
  • ¡Para nada! Estoy ….!Bien! — exclamó la chica, poniéndose firme y mostrando una voz un poco áspera pero suave.
  • Eso me agrada… Ya sabes lo que viene ahora ¿No? Desde este momento te otorgó el grado de Sacerdotisa de la Orden de Aamon.

Al decir aquello, el cabello de la chica cambió a un color azul zafiro y su demacrado rostro volvió a la normalidad, pero modificándose un poco sus orejas, quedando un poco puntiagudas, su vestimenta se volvió de una manta parda oscura se convirtió en una túnica fúnebre. La daga ensangrentada que tenía en su mano, llegó a transmutarse poco a poco en un báculo en donde la sangre se fue reuniendo hasta convertirse en una pequeña gema carmesí que se incrustó en medio del cetro romboidal.

  • Me gusta mucho como luces ahora mi querida niña. Pareces una bella dama de las ordenes infernales, digna de elogio. Ahora eres una princesa para mis ojos.

Dijo el cuervo, el cual se fue moviendo en dirección a la chica, saliendo en segundos del pentagrama. A cada paso que daba, este fue transformándose en un humanoide de dos patas, y sus alas desplegaron una larga capa de color negro. Sus patas se transformaron en piernas y sus garras se unieron  para convertirse en unas botas finas de piel de lagarto. Su gran pico se fue transmutando en una nariz fina y sus ojos luminosos se tornaron ojos normales con una pupila roja brillante, en donde de su cabeza con larga cabellera, salieron dos pequeños cuernos encorvados hacia los lados, mostrando su delicado rostro y una pequeña barba en su quijada.

  • Había olvidado un poco lo hermoso que eres Kadmiel. Soy feliz de que seas mi demonio guía. Y ahora mi compañero de batalla.

Mencionó la chica acercándose al ahora caballero demoniaco que se había erguido en frente de ella, este sacó su mano de su capa y alargó una bella rosa con pétalos color carmesí hacia la chica, cuando Liese la tocó, esta tiró los pétalos rojos y la rosa se volvió azul, de un color profundo como el abismal océano.

  • Mi mejor imagen para mi pequeña doncella. — repuso el demonio hacia la chica, besando su mano y mirándola con una reluciente sonrisa. —Ahora es momento de irnos querida. Las gárgolas no tardaran en encontrarnos y las máquinas de los Rebeldes menos.
  • Tienes razón….

Dijo la chica mirando hacia la ventana con el cristal roto, la lluvia afuera había cesado y ahora una luna blanca y pura se miraba en el cielo iluminando el aposento sagrado y ahora  profanado.

De pronto un estruendo sonó en la gran puerta de la entrada y toda la catedral comenzó a temblar, llegando a tirar las decenas de imágenes de santos que se hallaban clavadas en las paredes. Una gran cruz de madera con el Jesucristo llorando sangre se desplomó al suelo y con la fuerza de un enorme trueno la gran puerta explotó y se hizo añicos, volando fragmentos de este por los cielos.

En la entrada de la iglesia, unas enormes criaturas empezaron a entrar. Estas tenían cabeza de toro y unos grandes cuernos saliendo de sus cabezas. Unas grandes alas de murciélago se movían en sus espaldas escamosas y unas largas patas de cabra pisaban los fragmentos de las sillas de la capilla. Unas grandes gárgolas furiosas entraron dentro del lugar y detrás de ellos dos sujetos con batas blancas de piel los acompañaban, cargando consigo unas grandes armas.

  • ¡Creían que nos los encontraríamos verdad! ¡Malditos herejes!

Gritó uno de los sujetos, el cual cargaba sobre su cuello un pequeño crucifijo de oro. Este poseía lentes y unas botas bien pulidas.

  • Es momento de que paguen por sus pecados… no habrá dialogo para negociar lo que han hecho. ¿Dónde está el hijo de la Reyna Victoria?

Exclamó el segundo sujeto, el cual se miraba aún más viejo y con una larga barba negra. Este era alto y de igual manera portaba el mismo crucifijo, con su arma y un sombrero negro. La chica quedó observando con recelo a los dos tipos y contestó;

  • El pequeño niño, ahora ha partido. Nunca más verán a ese pedazo de carne. ¡Y mucho menos esa perra de la Reyna!
  • Ya han escuchado a la dama, pequeños bastardos es hora de irse.

Comentó Kadmiel, momento en el cual este se movió rápidamente como un ave fantasmal y sus dos manos se convirtieron en grandes garras que rasgaron la carne de las gárgolas, haciendo que dos de estas fueran despedazadas y cayeran al suelo envueltas de sangre morada.

  • ¡Maldito! Como te atreves….

Los dos sujetos empezaron a disparar hacia donde se hallaba el demonio alado, el cual se movía volando dentro de la capilla, este se desplazaba  de forma rápida esquivando los disparos, la chica de igual forma daba frente ante las gárgolas que empezaban a custodiarla, estas se abalanzaban sobre ella y la chica los golpeaba con su báculo, haciendo que grandes choques de energía cinética fueran detonadas al golpearlos, movimiento que los hacía volar por los cielos y chocar con los pilares de la iglesia.

Conforme pasaban los minutos en aquella batalla, el viento empezaba a correr más rápido y decenas de gárgolas comenzaban a venir para seguir en el frente de batalla.

La chica se miraba agitada y empezaba a perder mucha energía. Ella observaba a su compañero demonio y de igual forma observaba que algunas de sus grandes alas se miraban desgastadas por los disparos de energía que les eran propinadas por los sujetos de la Secta Ordum Secularum.  No había mucho que hacer ante ello, se debía buscar una solución ante aquel problema.

La chica recitó unas palabras en su extraña lengua y cerró los ojos, en donde segundos después los abrió con fuerza y extendió los brazos hacia donde estaban las gárgolas moviéndose hacia ella. Una gran fuerza salió disparada de sus brazos y las criaturas salieron volando con fuerza lejos de ella, muchos de ellos traspasando las paredes y otras golpeándose entre sí. El demonio observó a su compañera y pudo observar que ella había abierto un pequeño portal. Eso le indicaba la retirada y lo sabía muy bien.

El gran cuervo se volvió a transformar y se dirigió corriendo hacia donde estaba Rosse, este cargó a la chica y juntos saltaron al portal que se cerraba cada vez más. En el momento de cruzarla el portal desapareció, dejando a la capilla destrozada y a los dos sujetos levantándose de entre los escombros, maldiciendo entre dientes.

La ahora sacerdotisa Rosse Liese y el demonio Kadmiel emprendieron su travesía aquella noche de Octubre. Ahora la chica había roto el último tabú de la hechicería que era el mismísimo sacrificio. Aquella noche había asesinado al hijo primogénito del a Reyna Victoria, la primera Reyna después de cientos de años, tras la muerte de Elizabeth de Inglaterra, pero ella había desatado la primera gran guerra contra la religión en el mundo, ella era ahora una gran tirana que mandaba a matar a cualquier individuo que no quisiera formar parte de la gran religión UNITY,  la cual proclamaba a un solo Dios ante todo el orbe, rivalizando combates con cientos de naciones y detonando guerras sangrientas para la evangelización de aquel aberrante dogma inquisidor.

El sacrificio había sido necesario para poder obtener un alto rango dentro de las Ordenes Demoniacas que Kadmiel le había hablado muchas veces a la chica Rosse y tras tantas veces en que ella había renegado ante tal cosa, ella llegó a aceptar, llegando a realizar lo impensable. El pequeño infante representaba ahora la sangre de cientos de miles de personas que habían sido asesinadas en nombre de su madre la Reyna y ahora el pago había sido mínimo para dar una pauta de evolución a la Hechicera Rosse Liese, ahora combatiente contra la Gran Guerra Santa de la Nueva Era.

Muchas batallas libraría a partir de aquel fatídico día. Muchos pasajes oscuros y tenebrosos caminos transitaría para llegar al paraíso infernal. Tal vez la sola compañía del demonio Kadmiel sería la única que tendría en mucho, pero mucho tiempo… su fiel compañero  y amante.

 

 

 

demonia

Relato para el reto Magia de Deus Ex Machina ;D

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