UNZULGAR

Unzulgar

AJEDSUS

 

Fue ese el momento en donde aprecie las estrellas en todo su esplendor, las luces tintineantes se miraban brillar hasta donde alcanzaba la vista, iluminando así con sus cuerpos irregularmente redondos al oscuro espacio.

Pude sentir paz,  sentirme con tranquilidad y a la vez …  vacío.

Presencie como dos grandes explosiones atómicas acababan con lo poco que quedaba de la Tierra en aquel fatídico día de marzo del año 2232.

Las dos formaciones se miraban sumamente grandes y extensas, se podía observar como su forma se expandía más y más tal  como un moho rojizo asesino, arrasando a toda las superficie terrestre. Sentí pánico y tristeza…mucha tristeza. Había dejado a mis familiares, amigos y colegas en aquellas tierras marchitas por la guerra y por nuestra tecnología ingrata.

Aquella gran esfera azul se opacaba con cada segundo que daba, la mayor parte de la atmosfera se miraba oscura por enormes huracanes tormentosos y manufacturados por el gran complejo militar que atacaba con maquinaria bélica-climatológica.  A lado de aquel planeta se hallaba una luna perforada de cráteres profundos y a la vez explosiones de igual magnitud que las terrestres inundaban toda su corteza, colosales naves romboidales bombardeaban los grandes complejos de monitoreo lunar y el frente militar intentaba dar batalla  ante aquellos intrusos, pero que de forma agresiva destruía las bases lunares, provocando el exterminio de miles de humanos y reptiles aliados.  Los cráteres nativos eran opacados ante los nuevos y profundos cráteres perforados por esas explosiones nucleares que eran derrochadas sobre el área poblada del satélite natural.

Todo se remitía a una extinción masiva, una especie  alienígena salida del abismo cósmico comenzaba a carcomer la civilización humana y su mejor opción para exterminarla era utilizar  la propia  tecnología  terrestre para aniquilarlos y más con su arsenal nuclear, el cual con una serie de maniobras demasiado caóticas, estos seres con forma de alargados anfibios y con la capacidad de auto-replicarse se habían apropiado con las bombas atómicas de las naciones con mayor potencia militar y con ellas en sus manos, las habían utilizado para tirarlas en las grandes ciudades.

Algunos sospechaban que tales actos habían sido orquestados por algunos nexos en la exopolítica de la Tierra, pero la congregación de la ONU que se encargaba de ese tipo de temas negaba todo lo referente a ello, dejando a la gran EXO-UNIÓN como un simple conglomerado  de estudios planetarios sin fines de evolución y solo atrayente del caos que ahora arremetía con toda su fuerza en el indefenso planeta. La aparición de tales seres llamados Replicantes, se había descubierto tras descubrir unas antiguas construcciones alienígenas en la Luna, las cuales tras detonar una explosión en la entrada de la gran estructura con forma de una enorme puerta de piedra que se hallaba dentro de un cráter, esta había dado la oportunidad de salir a aquellos seres  anfiboides que se encontraban presos en esas frías tierras lunares. Un gran peso de consciencia cargaba el ser humano por haber hecho tales maniobras, pues los escuálidos seres que habían estado presos durante milenios en esas cavernas rocosas y metálicas poseían una mente calculadora y abismalmente aterradora.

Yo tenía 28 años en aquel entonces y me encontraba dentro de la nave de combate de mi amigo Venathor que aunque apenas tenía unos cinco años de conocerlo, él me parecía el ser más bondadoso y fuerte de toda la galaxia. Venathor era un reptiloide de dos metros de altura, pertenecía a un planeta muy lejos en  la Constelación de Tauro y  él siempre me había comentado sobre lo pequeño que era el Sol en comparación a la suprema estrella Aldebarán.

Venathor me había salvado de ser asesinado por un grupo de aquellos seres Replicantes que corroían con sangre y destrucción en mi ciudad natal en San Petersburgo y aunque conocía mucho sobre la existencia de los reptiloides, su mera presencia me había aliviado por completo y me otorgó la  plena consciencia de mi vida pasada.

Mis padres terrestres siempre se habían asombrado con mi gran intelecto, pues desde que tenía apenas 10 años, yo tenía la capacidad de conocer gran parte de la astronomía de aquellos tiempos, además de que tenía el conocimiento de constelaciones y sistemas planetarios que nunca había escuchado la comunidad científica de esos  días. En las constantes terapias a las cuales había sido sometido para conocer los rasgos psicológicos de mi conocimiento basto sobre varios temas de ciencia, que en aquel entonces yo debía desconocer por ser un simple infante, estos llegaban a errar un poco, pues el simple diagnóstico era que tenía un Coeficiente Intelectual muy alto y desbordante imaginación, contando con  un desarrollo evidente de mis cortezas cerebrales frontales, incluyendo  que mi percepción era mayor que la de los demás niños. Muchos estudios se hicieron sobre mí y estuve bajo la mirada de cientos de ojos humanos, hasta que unos parapsicológos simplemente llegaron a la conclusión de que era un Niño Índigo.

Aún tras los tantos estudios a los que fui sometido, ellos no sabían lo que yo conocía, ellos ignoraban mi verdadera condición y aunque en varias ocasiones yo se los había comentado, ellos desaprobaron mi idea y vaya error al cual se sometían.

No todo el tiempo había sido humano. Yo en un pasado remoto, había sido un dracon, un ser reptiloide que vivió en Marte en tiempos en donde la humanidad aun no pisaba la Tierra y vivía en un planeta que tenía tanta preciosidad como lo había tenido el terrestre antes de la guerra y aunque el destino sea demasiado oscuro en sus decisiones, este ahora volvía a retornar, lo que en algún tiempo se detonó como el exterminio de mi planeta y antigua civilización, ahora volvía de las entrañas del tiempo y carcomía mi hogar actual, pues la misma guerra de la cual había escapado cientos de miles de años atrás, ahora era la culpable de aquella destrucción de ese bello lugar azul.

Venathor no hablaba, simplemente me observaba y yo sabía lo que me decía. Sus grandes ojos ovalados con pupilas reptiles se se miraban a las laterales de su gran cabeza alargada, tal como las de un lagarto, se enfocaba en frente del panel central de la cabina de la nave, observando el oscuro espacio lleno de meteoritos surcando a gran velocidad y algunos chocando entre ellos, convirtiéndose en cientos de fragmentos de polvo estelar.  El reptil me observó y dirigió su mirada hacia la lateral de la ventana cuadrangular de la cabina, en el extremo, a unos kilómetros de distancia, se podía observar dos grandes naves rectangulares surcando el espacio,  con sus largas alas metálicas y fuselaje iluminado por algunas luces rojas y azules, grandes antenas en su parte superior y enormes paneles solares como grandes veleros triangulares a los lados.  Al ver aquello, sonreí con un poco de alegría, pues una pequeña parte de la civilización humana ahora viajaba en aquellas naves y que aunque muy dentro de mí, sabía que dentro de estas no iban muchos humanos bondadosos como los que se morían en la Tierra, parte del germen de la decadente humanidad exploraría el recóndito espacio. Tal vez y se dirigían a la Comunidad, que se encontraba en la zona medio explorada de Kepler-186f, pues tal lugar constituía el plan C, para su salvación, pues tanto la Luna había sido bombardeada y las estaciones de Marte ya había sido tomada por los Intraterrestes tiempo atrás. No había mucho por donde escapar al inminente final.

Yo estaba vestido con mi traje militar  característico de la milicia Rusa del batallón “Dendroviskía” el cual portaba  antes de ser interceptado por mi amigo.  Sobre una plataforma flotante había colocado mi fusil de asalto de plasma y mi mascarilla de gas, a la vez que parte de mi armadura de exoesqueleto.

Tenía la vaga idea de mi misión sobre aquella nave y aunque todo lo que  pasaría después me pondría en tensión sobre mi mera existencia, tenía el deber de hacerlo y de cumplir los deseos del gran Abzu creador del tiempo y la existencia. Ya habíamos pasado meses platicando sobre ello con mi buen compañero Venathor.

Me dirigí a mi asiento y me acomode el cinturón de seguridad. Venathor me dirigió la mirada y me dijo mentalmente que entraríamos en salto interestelar. Nos dirigiríamos a Unzulgar, el planeta de la Confederación, para pedir ayuda y destruir a los degenerados Replicantes, pues una vez libres de aquella prisión lunar, ahora estos se replicarían exponencialmente para expandir su progenie y su poderío, estos en poco tiempo se contactarían con sus ancestros en la Constelación de Cygnus para lograr iniciar una conquista espacial sin precedentes.

Llegó el momento y todo se volvió inestable. El asiento empezó a vibrar y toda la cabina se volvió con una consistencia acuosa tal como el gel, se pronto el oscuro espacio en frente de nosotros se volvió lumínico y cientos de estrellas parecieron  alargarse para convertirse en una alfombra estrellada de luces centellantes. En pocos segundos todo se volvió nada y el vacío fue invocado, el espacio se silenció y nosotros desparecimos en aquella nave triangular.

A miles de parsecs  de distancia alejados de mi sistema Solar, nos hallamos dentro del  sistema planetario Bauta, siendo un sistema binario, en dónde en el centro se hallaba al gran sol rojizo Aldebáran A y en extremo equidistante se hallaba el más luminoso, pero de menor tamaño Aldebarán B. Dentro del sistema podía observarse varios planetas gigantes marrones y con atmósferas tormentosas, y en el lado oriente se lograba observar al gran planeta verde marrón de Unzulgar. Sobre el espacio se podía observar una  gran nebulosa que se arremolinaba en el punto más alejado del gran astro solar, sus cientos de colores se apreciaban en gran manera como una exquisita obra de arte.

Por un instante, todo se resumía en que a partir de ahora conocería por fin a parte de mi antigua familia reptil y que sería cuestión de tiempo para que fuese iniciado en sus ciencias. Aunque en el pasado había sido un aeronauta espacial, ahora era un simple sargento dentro de las líneas rusas, pero aún en mi mente tenía impregnadas las maniobras que había hecho en mi vida pasada.

Venathor me dejó tomar el mando de la nave una vez que habíamos entrado en el área planetaria de Unzulgar, sobre su rara atmósfera verde oscura, se podía notar un leve anillo de asteroides que cubría parte de sus polos, tal como dos coronillas celestiales. Sobre los cielos de aquel planeta remoto, pude observar a una serie de extraños seres con grandes tentáculos moverse sobre los cielos, tal como anguilas voladoras y con extensiones carnosas a los lados de sus cuerpos callosos. En el aire, también pude notar como algunas formaciones rocosas parecidas a montañas, flotaban sobre los cielos, algunas desperdigando grandes cúmulos de rocas sobre el  suelo aparentemente pantanoso. Y muy abajo dentro de la extraña vegetación que tenía la apariencia de corales vivientes con enormes algas rojas serpenteando como largos brazos, estos  se movían tal como animales deformes, mientras una serie de bestias con formas de  reptiles huían despavoridos sobre una pradera llena de esas cosas.

Una pequeña incertidumbre surcó sobre mi semblante en aquel instante, por un momento toda la felicidad de haber sobrevivido a aquella hecatombe en mi planeta natal ahora se convertía en un sentimiento de culpabilidad. Tal vez de forma egoísta había huido, pero muy dentro de mí latía un sentimiento de lucha que me inspiraría a luchar para encontrar una salvación a los pocos humanos que quedarían tras aquel ataque devastador, muy dentro de mi mente  podía sentir mi corazón delator que me instaba a sentir que aquello era la extinción definitiva, que ahora debía formar parte de una especie viviente más avanzada a la cual había pertenecido.

Mi compañero me tocó el hombro, regresándome a la cabina tras mi profundo análisis existencial. Abrí y cerré los ojos al percatarme de que en frente de mis ojos existía dos enormes montañas flotando sobre grandes plataformas de piedra. Estas en medio de su formación, se podía observar como formaba un tipo de puerta ovalada colosal de piedra, llena de símbolos inexplicables que hicieron nacer dentro de mí un extraño sentimiento de nostalgia a batallas olvidadas en mis lagunas mentales. Venathor me comentó mentalmente que aquella estructura era una puerta estelar y que dentro de ella encontraríamos la entrada a Unzulgar. Asentí con la cabeza tras escuchar eso dentro de mi mente y sonreí un poco a su comentario.

Tras unos segundos, esas monumentales formaciones de piedra desplegaron una especie de portal acuoso, el cual volvió al cielo un tipo de mar atmosférico inusual, dentro de este se lograba ver una tonalidad violeta pulsar como un gran cúmulo de energía. Nuestra nave entró en aquel portal y fuimos transportados a un sitio aún más alejado de donde habíamos viajado. Después de aquel salto estelar, entramos en un espacio oscuro y abismal, con una oscuridad sumamente basta y atronadora. Dentro de aquel área espacial, un gran astro solar se miraba en el centro, tal como una estrella solitaria, pero en cada borde del gran astro, llegaban a bordearse descomunales paneles metálicos de un inusual material que podía soportar la gran radiación de envolver a un sol. Estos se disponían de gran cantidad de engranajes gigantescos, que tal como una maquinaria planetaria, envolvían a la estrella suspirante de energía.

Cientos de anillos metálicos rodeaban al gran sol de “Aldebarán C”, mientras soltaba enormes fulguraciones en su interior. Este nombre le había otorgado yo, al tener la similitud de sus dos hermanos gemelos que había visto en Bauta, pero este llegaba a ser un tipo de  Esfera de Dyson, indicio de una descomunal civilización alienígena.

Cientos de naves aparecieron cerca de nosotros. Acudiendo a nuestra llegada, fue ahí cuando pudo verse los enormes complejos orbitales de Unzulgar, estos flotaban sobre la cara opuesta del astro solar, bordeando a la gran estrella con una construcción tecnológica inigualable.

Muy pequeño logré a sentirme al saber que tenía un cuerpo humano, pero enorme me  sentí al reconocer que había pertenecido a su civilización. Ahora era momento de regresar, tal vez con el tiempo, podría volver a ser un enorme dracon guerrero, despojándome de este cuerpo humano y volviendo a ser un ágil repti, pero con mente de ser humano.

 

 

 

 

dyson-sphere

Reto de Deus Ex Machina

enmarcado en El Gran Filtro.

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2 comentarios sobre “UNZULGAR

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