“Los Mosquitos no Infectan Androides”

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“Los mosquitos no infectan androides”

Ajedsus

>Año 2128 – Ruinas de la Ancestral Muralla China – Operación Dragón ∆

El calor era insoportable, la maleza se metía por todos lados y la vegetación se desprendía por cada lugar que se pisara, el fango hacía que las botas se mancharan y perdieran el brillo de plomo reforzado y la ventilación se volvía un problema, los insectos se amontonaban a grandes proporciones y estos intentaban perforar la dura piel de los soldados… pero tal cosa sería un problema, pues ¿Qué cosa natural podría perforar trajes inorgánicos bélicos avanzados?, sin duda el Androide x-23 era un gran avance entre robótica, mecatrónica y nanotecnología, contando que los sistemas de Inteligencia Artificial eran sumamente sofisticados y metódicos, perfectos para ser armas de guerra estratégicas.

La maquinaría a utilizar sin duda era sumamente pesada y peligrosa. Los fusiles Foken-66 de interface intramuscular y balas expansivas, se adherían a los brazos de los androides y estas armas funcionaban según los signos vitales de su portador y según su visión era la potencia de su poder al ejecutar el disparo de partículas calcinadoras, el sistema era dañino pues la radioactividad de tales armas emanaban gran amenaza para toda vida y más para el enemigo, sin duda el arma perfecta que las Naciones Confederadas del Occidente otorgaban a su ejercitó de máquinas tecno-bélicas.

Las máquinas de guerra eran sin duda un arte de la Nueva Era, ya que grandes tanques Destroker-V3 armados con mísiles cinéticos de largo alcance (mísiles de tungsteno – el metal más duro del sistema Solar, extraído de las minas abiertas en Júpiter) se adentraban sobre el campo de batalla contra el Gran Imperio Asiático, sin duda estos eran los maestros en la tecnología y avances en manipulación genética, una gran potencia militar y objetivo de asedio. El campo de batalla era sofisticado, pues todo el área geográfica ya había sido modificada para combatir a las fuerzas agresoras del nuevo mundo, pues el viejo mundo se debatía entre la muerte y la desolación. Los motivos de tal guerra habían empezado desde tiempo atrás, desde antes de que colapsará el sistema y de que la civilización fuese destruida por grandes desastres naturales (aparentemente parte de estos provocados por el ser humano, con sus ansias de crear un mundo de las cenizas del pasado – Proyecto Andarpa – un mero desvarió del humano corrompido por la tecnología).

Sin duda el mundo había colapsado, pero el ser humano siguió avanzando y en un siglo habían hecho grandes avances en todo y tal como hormiguitas volvieron a construir su gran imperio, pero ahora con más recelo y poder, muchas ansias de sangre y destrucción. (En esos tiempos era claro que había seres más avanzados que los humanos. Los cuales se debatían el placer de hacer que estos se matasen entre ellos, cegándolos con problemas geopolíticos – Los Antiguos…entes milenarios.)

Cientos de miles de androides grandes, armados hasta los dientes y de apariencia humana (mero morbo de sus dioses creadores) se debatían entre la vida y el apagado sistemático de sus funciones vitales, pues la presencia de quimeras bélicas metamórficas se arremetía en sus líneas para infringirles la entrada al Palacio Real Chino.

Grandes estruendos se escuchaban en todos los alrededores. Misiles por acá, misiles por allá, proyectiles de pulso expansivo estallaban dentro de los cuerpos de los seres orgánicamente modificados. Algunos tenían apariencia de dragones, pero eran las transmutaciones de reptiles con mamíferos,  llenos de cuernos y escamas, pero con armas en cada uno de sus cuatro brazos y acorazados hasta las mandíbulas. Era necesario el uso de armas nucleares de alto impacto para destruir sus armaduras e incapacitar a tales seres monstruosos. Pues tales seres se abalanzaban contra los androides y les desmembraban sus partes, estos luchaban contra ellos clavándoles sus fusiles intramusculares dentro de sus fauces  y disparando proyectiles de pulso expansivo que aniquilaban a las bestias y las dejaban en el suelo mientras borbotones de sangre purpura brotaba de su cuerpo deformado por la manipulación de científicos del orbe asiático.

Los androides tenían un pequeño defecto, avanzaban como engendros con sed de sangre y ansias de expandir terror, destruían todo a su paso y desmembraban humanos si los miraban en los campos de batalla, pero dentro del arsenal de la caída Federación Rusa, estos habían heredado el arma definitiva para destruir a tales armas tecno-bélicas, pues una Ojiva de Campo Electromagnético desactivaría los pequeños reactores de uranio que mantenía con vida a tales máquinas de guerra, desactivando sus funciones vitales y dejándolos como inservibles hojalatas en el campo de batalla.

Entonces fue ahí cuando un gran misil salió de la torre principal del Palacio Chino, llegando a surfear por los aires hasta que llego a activarse y estalló desatando un gran estruendo. De pronto el cielo oscuro y carmesí se llenó de estática y ruido, en un momento los androides se revolcaban de bloqueo sistemático y eran devorados por los seres quiméricos modificados del Imperio Chino. Al término de todo, unos insectos merodeaban a los alrededores y se alimentaban de los fluidos emanados de las quimeras aniquiladas, al final de la masacre, hasta el aceite hidrocarbonado nutría a los mosquitos y los hacían mutar, convirtiéndolos en nuevos organismos capaces de entrar en batalla contra ambos bandos…

 

Obra: Crónicas Perdidas en el Tiempo

Relato: “Los mosquitos no infectan androides”

Autor: Ajedsus

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